Hostería Suiza fue construida con el estilo alpino que le dio forma a la propia Bariloche: vigas de madera, paredes de piedra, techos de pendiente pronunciada y habitaciones chicas y cálidas en lugar de pasillos largos y anónimos. El edificio envejeció junto con el barrio, y buena parte de su carácter viene justamente de ahí: la madera que cruje bajo los pies, las texturas de lana en las camas y una recepción donde alguien sabe de verdad los horarios del colectivo y qué restaurante sigue abierto un domingo a la noche en temporada baja.
Los huéspedes que vuelven suelen mencionar siempre lo mismo: que la casa es tranquila de noche, que la calefacción funciona bien en invierno, que el desayuno alcanza tranquilamente hasta un almuerzo tardío y que todo lo que querían conocer estaba al alcance sin auto. Es un lugar modesto y bien cuidado, atendido por gente que vive acá, con un trato más cercano al de una casa de familia que al mostrador de una cadena hotelera.